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El concepto de Ideología

Por David Miralles

Se ofrece a continuación, una somera revisión del concepto de ideología en el marco de la teoría marxista y psicoanalítica.

Estructura / Superestructura e Ideología en Marx.

Como es sabido, para Marx la superestructura está determinada por la base económica, es decir, por la infraestructura; la ideología, por tanto, como fenómeno superestructural, siempre se encontrará sosteniendo dicha base. La ideología se haya constituida por las ideas, valores y sentimientos a través de los cuales los individuos experiencian su sociedad. Ella presenta estas ideas y valores como las creencias de una sociedad completa, lo que, por otra parte, se haya determinando que los individuos no "vean" cómo la sociedad realmente funciona.
La literatura, en tanto producción cultural, es, naturalmente, una forma de ideología, la cual, normalmente, se encuentra legitimando el poder de la clase dirigente.

Gramsci: Concepto de Hegemonía.

Sin embargo, para el teórico italiano Antonio Gramsci el concepto de ideología por sí sólo no explicaría por qué la gente se allana a aceptar los valores dominantes. Su concepto de hegemonía nos permite una lectura mucho más flexible del modelo base/superestructura. Nos permite entender que determinadas producciones culturales se encuentran simplemente reforzando los valores dominantes. De algún modo su noción de hegemonía es una continuación del concepto de ideología. La hegemonía se expresa como una suerte de autoengaño (deceive) en que los individuos olvidan sus propios deseos y aceptan los valores dominantes como los suyos propios. Por ejemplo, alguien que se convence de que ir al colegio es el paso correcto y necesario en la vida. Esta es una creencia socialmente construida y, muchas veces, va contra el deseo real de las personas. La literatura, desde este punto de vista, puede ser vista como algo que, tanto refuerza los valores dominantes, como ocasionalmente los cuestiona. Por ejemplo, algunas escritoras inglesas del siglo XIX usaron la narrativa de carácter sentimental meramente para reforzar los valores dominantes, mientras que Jane Austin usó estas mismas formas narrativas, para socavar estos mismos valores. Es decir, el concepto de hegemonía nos permite pensar las relaciones infraestructura/superestructura sin el mecanicismo anterior.

Althusser: Aparatos Ideológicos del Estado.

El filósofo francés Louis Althusser, partiendo también del modelo infraestructura/superestructura, ha planteado la existencia en cada sociedad de los Aparatos Ideológicos del Estado. Para comprender mejor este concepto, debemos revisar con él la Teoría Marxista del Estado. El Estado se define básicamente como una fuerza represiva que vela por los intereses de la clase dirigente. Más concretamente, como una función del Poder del Estado. Althusser distingue entonces entre Poder Estatal y el Aparato del Estado o Estado propiamente tal. Este Aparato Estatal puede sobrevivir a diversas luchas por el Poder Estatal sin ser afectado o modificado. Como ejemplos de esto último señala él varios acontecimientos: la revolución burguesa en el siglo XIX en Francia (1830, 1848), los golpes de estado (2 de Diciembre, Mayo 1958), colapsos del estado como la caída del Imperio en 1870 o la Tercera República en 1940, etc... En este sentido, habría que preguntarse por la magnitud de la modificación del Aparato del Estado en Chile después del Golpe del General Augusto Pinochet. De lo que no tengo duda alguna es de que estas modificaciones fueron importantes y sustantivas, aunque es dable suponer que muchas de las características anteriores que no afectaban al funcionamiento del nuevo proyecto político no fueron modificadas. Básicamente, dicha modificación tendió a elaborar un aparato estatal que no fuera vulnerable a sistemas políticos totalitarios dando origen a un concepto de “democracia protegida”.

Volviendo a Althusser, lo que él propone agregar a la teoría marxista del Estado son precisamente, los Aparatos Ideológicos del Estado. En la teoría marxista el Aparato Estatal involucra el Gobierno, la Administración, el Ejército, la Policía, las Cortes, las Prisiones, etc, es decir todo lo que puede denominarse como Aparato Represivo de Estado, el que funcionaría básicamente mediante la violencia, aún cuando esta no necesariamente asuma la forma de violencia física. Por su parte, los Aparatos Ideológicos del Estado constituyen cierto número de realidades que se presentan bajo la forma de instituciones especializadas. Entre ellas, Althusser enumera el AIE religión, el AIE educacional, el AIE de la familia, el AIE legal, el AIE político, el AIE sindical, el AIE comunicacional, el AIE cultural. Una primera diferencia entre estos AIE y el Aparato Estatal Represivo sería que mientras este último es sólo uno, hay una cierta pluralidad de AIEs. Una segunda diferencia sería el carácter público del Aparato Estatal Represivo y el preferentemente carácter privado de los AIEs. Iglesias, Partidos, Sindicatos, Familias, algunos colegios, la mayoría de los medios de comunicación, etc..Aunque en este punto Althusser recuerda que Gramsci a dicho que la distinción entre público y privado es una distinción que sólo tiene sentido para la ley burguesa y por lo tanto sólo es operable al interior de la sociedad burguesa. Sin embargo, el dominio del Estado escapa a esta distinción. En efecto, el Estado no puede ser ni privado ni público, antes bien, él es la condición previa de tal posibilidad. De esta manera, lo fundamental es cómo funcionan las instituciones, aún cuando se ubiquen en la esfera de lo “privado” ellos perfectamente pueden funcionar como AIEs.
La distinción fundamental entre los AIEs y el (Represivo) Aparato del Estado sería que éste último funciona mediante la violencia mientras los primeros por la ideología.
Es importante, sin embargo, recalcar que Althusser plantea que tanto la ideología como la violencia pueden también secundariamente funcionar al interior de ambas estructuras.
Respecto de las funciones que dichos AIEs cumplen, Althusser apunta:

1. Todos los AIEs contribuyen al mismo resultado: la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones de explotación capitalista.
2. Cada uno de ellos contribuye hacia este simple resultado de acuerdo a su propia manera. El aparato político, sujetando al individuo a la ideología política de Estado. El aparato de los medios de comunicación, inoculando a cada individuo con dosis diarias de nacionalismo, chovinismo, liberalismo, moralismo, etc. Lo mismo ocurre con el aparato cultural (el rol del deporte en el chovinismo). El aparato religioso con sus sermones y ceremonias de nacimientos, matrimonios y muertes recordando a todos que el hombre es sólo cenizas..., etc.
3. Hay una sola pauta en este concierto y esta es la de la ideología de la clase dominante.
4. En este concierto hay una AIE que posee el rol dominante: la escuela

Marx no habría formulado un concepto propiamente marxista de ideología.

En esta parte, se impone la interpretación que Althusser hace del concepto de ideología. Su primera aproximación será para expresar que Marx, a pesar de la importancia de este concepto, nunca llegó a formularlo en términos realmente marxistas. Tanto en La Ideología Alemana como en los Manuscritos de 1844 donde él formula explícitamente una teoría de la ideología, no llegan a constituir conceptos propiamente marxistas. Por otra parte, en El Capital se encuentran desperdigadas una serie interesantes aprontes en este sentido, pero sin llegar a constituir una teoría en sí misma.

La ideología no tiene historia.

En este sentido, lo primero que parece suficientemente claro es que cualquiera que sea su forma (religiosa, ética, legal, política) la ideología siempre manifiesta posiciones de clase. Sin embargo, Althusser parte de la siguiente aparente paradoja: la ideología no tiene historia, una noción que se repite bastante en La Ideología Alemana, allí, Marx concibe la ideología sólo como un “residuo del día”, homologándola al sueño (no en términos freudianos), la ideología es un puro sueño, algo vacío, nulo y arbitrario opuesto a la realidad positiva (del día). Por eso se puede decir que no tiene historia, puesto que ésta es la historia de individuos concretos.

-La ideología es un puro sueño
-La ideología no tiene historia (de sí misma)

Esta es una tesis enteramente positivista e historicista. Pero, se puede plantear que la ideología no tiene historia en términos totalmente distintos a los anteriores.

Ideología e inconciente.

Veremos más adelante que Zizek establece una equivalencia entre el concepto de ideología y el de inconsciente. Según esto, todo aquello que Freud plantea para el inconsciente, puede aplicarse igualmente a la ideología. Particularmente, a la preposición de Freud de que el inconsciente es eterno ( es decir, que no tiene historia). Si eterno significa no trascendente a toda historia, sino omnipresente, transhistórico e inmutable, se puede adoptar la expresión freudiana y escribir la ideología es eterna, exactamente como lo es el inconsciente. En esto encuentra la justificación Althusser para formular una teoría general de la ideología, en el mismo sentido que Freud propone una teoría general del inconsciente.

La primera tesis que plantea Althusser es que la ideología representa las relaciones imaginarias de los individuos respecto de sus condiciones reales de existencia. Sus “visiones de mundo” las cuales no corresponden a la realidad. Sin embargo, al admitir que ellas no corresponden a la realidad, es decir, que ellas constituyen una ilusión, debemos admitir que ellas aluden a la realidad. La ideología sería entonces igual a la fórmula ilusión/alusión. Es decir, ésta sólo necesita ser interpretada para descubrir la verdadera realidad tras ella. No obstante, todo esto deja una pequeña cosa en el aire: ¿Por qué los hombres “necesitan” esta trasposición imaginaria de sus condiciones reales de existencia? La respuesta inmediata a esta interrogante es responsabilizar a los curas y los amos que han inventado una sarta de lindas mentiras para mantener sus privilegios. La segunda respuesta es que esta trasposición se originaría debido a la alienación material que reina en las condiciones de existencia de los hombres mismos. Según Althusser ambas respuestas no corresponden a la verdad. Él dice: no son sus condiciones reales de existencia, su mundo real, lo que los hombres se representan en la ideología, sino sobre todo, es su relación con esas condiciones de existencia la que es representada a ellos allí. En otras palabras, es la naturaleza imaginaria de esta relación la que se presenta en lugar de ("underlie") toda la distorsión imaginaria que se observa en toda ideología. Entonces, si ese es el caso, la pregunta por la causa de la distorsión imaginaria de las relaciones reales, desaparece.

La segunda tesis planteada por Althusser es que la ideología tiene una existencia material, lo que quiere decir que una ideología siempre existe en un Aparato, en su (s) practica (s). La ideología se expresa en acciones y estas acciones en ciertas prácticas y dichas prácticas son comúnmente gobernadas por rituales dentro de la existencia material de un aparato ideológico. Todo esto conduce a Althusser a sus tesis central, la cual es que la ideología se encuentra siempre interpelando a los sujetos. Lo que esto significa, básicamente, es que para toda ideología el concepto de sujeto es fundamental y que este sujeto se concretiza toda vez que la ideología necesita concretizarse a su vez. Pero la ideología siempre se va a dirigir a individuos concretos para actualizar su función.

Esto con respecto a los planteamientos de Althusser.

La posición de Zizek.

Extremadamente interesante en la discusión del concepto de ideología es la posición del crítico Vaclav Zizek. Plantea él que en una sociedad que ha pasado del orden feudal al burgués, las relaciones de dominación y servidumbre permanecen reprimidas. Las relaciones entre los sujetos son ahora impersonales y parecen carentes de todo fetichismo, pero éste en realidad aparece como un síntoma. Éste síntoma vendría a ser el punto de emergencia de la verdad acerca de las relaciones sociales.
Marx ha señalado en El Capital que existe “una relación social entre los hombres que asume la forma ilusoria de una relación entre las cosas”. Esto es, que el valor de cierta mercancía asume la forma de propiedad cuasi natural de otra mercancía: el dinero. El valor de una mercancía se convertirá así en una cierta cantidad de dinero.
La característica esencial del fetichismo de la mercancía no consiste en que se produce el reemplazo de los hombres con cosas, sino que consiste en un falso reconocimiento el cual concierne a la relación entre una red estructurada y uno de sus elementos que es en realidad un efecto estructural, un efecto de la red de relaciones entre los elementos, pero que aparece como una propiedad de uno de los elementos, como si esta propiedad le perteneciera también, fuera de su relación con los otros elementos.

En el caso de las relaciones fetichistas entre los hombres, en las sociedades pre-capitalistas, este fetichismo también se produce por un efecto de la red de relaciones. En efecto, ¿qué es lo que crea a un rey? ¿Qué es lo que crea a los súbditos? El “network”, la red de relaciones que es el efecto de dicha red. Tenemos entonces, dos fetichismos:

1) Fetichismo en las relaciones entre los hombres (sociedades pre-capitalistas): relaciones de dominación y servidumbre, y
2) Fetichismo de la mercancía (sociedades capitalistas)

En este punto y para entrar de lleno en el concepto de ideología, Zizeck cita una frase de Marx que se encuentra en El Capital y que serviría para explicar el modo de funcionamiento de la ideología:

“Ellos no lo saben, pero lo están haciendo”.

Según esta frase el concepto de ideología implica una ingenuidad básica, constitutiva. El no reconocimiento de sus propias condiciones efectivas, una distancia, una divergencia entre la así llamada realidad social y nuestra representación distorsionada, nuestra falsa conciencia de ella.
Pero, la pregunta que se formula Zizeck es: ¿podemos seguir aplicando este concepto de ideología hoy? Y a continuación cita el trabajo de Peter Sloterdijk "Crítica de la Razón Cínica". En este trabajo se plantea que el modo de funcionar de la ideología dominante es el del cinismo. El sujeto cínico esta conciente de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social. No es ya ingenuo. La fórmula propuesta por Sloterdijk es:

“Ellos saben bien lo que hacen, pero aún así lo hacen”

La razón cínica no es ya más ingenua (inconsciente) sino una paradoja de una falsa conciencia ilustrada.

Este cinismo no es una posición directa de inmoralidad, sino la moralidad en sí misma puesta al servicio de la inmoralidad. La probidad, la integridad como formas supremas de deshonestidad y la moral como una forma suprema de inmoralidad y desvergüenza . Recuérdase aquí la célebre frase de B. Brecht: “Qué es el asalto a un banco comparado con la fundación de uno”.
Así, confrontada con la razón cínica la crítica tradicional de la ideología no funciona más.
Volviendo a la frase “Ellos no lo saben, pero lo están haciendo” de Marx, nos podemos todavía preguntar: ¿Dónde está el lugar de la ilusión ideológica? ¿En el “saber” o en el “hacer” de la realidad en sí misma? No hay acuerdo entre lo que la gente hace y lo que ellos piensan que están haciendo. ¿La ideología consiste todavía en el hecho que la gente no sabe lo que realmente esta haciendo, que ellos tienen una representación falsa de la realidad a la que ellos pertenecen (distorsión producida, por supuesto, por la misma realidad)?
Volviendo otra vez al tema del Fetichismo de la mercancía, el dinero es en realidad sólo una corporización, una condensación , una materialización de una red de relaciones sociales. -el hecho de que él funcione como un equivalente universal de todas las mercancías esta condicionado por su posición en el tejido de las relaciones sociales. Pero, para los individuos mismos, esta función del dinero -ser la encarnación de la riqueza- aparece como una inmediata, natural propiedad de la cosa llamada dinero, como si el dinero fuera, ya en sí mismo, en su inmediata realidad material, la corporización de la riqueza. Esto es lo que se denomina reificación.
Pero, los individuos saben que en realidad no hay nada mágico en el dinero, sin embargo, en su actividad social en sí misma, ellos están haciendo o están actuando como si el dinero, en su materialidad real, fuera la inmediata corporización de la riqueza como tal. Ellos son fetichistas en la práctica, no en la teoría. Lo que ellos no saben, o no pueden reconocer, es el hecho que en su actividad social -en el acto de intercambio de mercancías- son guiados por una ilusión fetichista.

Lo universal es sólo una propiedad de los objetos particulares que realmente existen, pero cuando somos víctimas del fetichismo de la mercancía, ello aparece como si el contenido concreto de una mercancía (su valor de uso) fuera la expresión de su abstracta universalidad (su valor de cambio).
Lo abstracto Universal, el Valor, aparece como una Sustancia real que se encarnara sucesivamente en una serie de objetos concretos.
Recordando nuevamente la frase de Marx “they do not know it, but they are doing it” podemos darnos cuenta que la ilusión no esta en el lado del conocimiento, está en el lado de la realidad misma de lo que la gente está haciendo. Lo que ellos no saben es que su realidad social misma es guiada por una ilusión, por una inversión fetichista. Lo que ellos no advierten no es la realidad, sino la ilusión que estructura la realidad, su actividad social real. Ellos saben muy bien cómo las cosas son, pero todavía actúan como si no lo supieran. La ilusión es entonces doble: consiste en no advertir la ilusión que está estructurando nuestra real, efectiva relación con la realidad. Esto es lo que se llama ilusión ideológica.
Si nuestro concepto de ideología fuera todavía el clásico, vale decir aquel donde la ilusión radica en el conocimiento, entonces nuestra sociedad actual debería ser post-ideológica: la ideología prevaleciente sería el cinismo, la gente no creería más en la verdad ideológica, no tomarían en serio las proposiciones ideológicas. El nivel fundamental de la ideología , no es, sin embargo, una ilusión enmascarando el estado real de las cosas, sino una (inconsciente) ilusión estructurando nuestra realidad social misma. Y en este sentido, estamos bastante lejos de ser una sociedad post-ideológica. La distancia cínica es sólo una forma, dentro de muchas otras, de cegarnos ante el poder estructurante de dicha fantasía ideológica. En efecto, aún cuando no tomemos las cosas en serio, aún cuando mantengamos una irónica distancia, estaremos todavía haciendolas.

Relectura de la formulación marxista del fetichismo de la mercancía.

En una sociedad en que el producto de la labor humana adquiere la forma de mercancías, las relaciones cruciales entre la gente toma la forma de relaciones entre cosas, entre mercancías. En los 60 y los 70 esta problemática cayó en descrédito a causa del anti-humanismo althusseriano. El reproche principal de los althuserianos era que la teoría marxista del fetichismo de la mercancía se basa en una ingenua, ideológica, oposición, epistemologicamente infundada, entre las personas (sujetos humanos) y las cosas. Sin embargo, una lectura lacaniana puede dar a esta formulación un nuevo e inesperado vuelco: el poder subversivo del acercamiento marxiano recae precisamente en la forma en que él usa la oposición de personas y cosas.
El punto del análisis de Marx es que las cosas (mercancías) mismas creen en lugar de los sujetos: es como si todas sus creencias, supersticiones mistificaciones metafísicas, supuestamente superadas por la personalidad racional y utilitaria, estuvieran encarnadas en las “relaciones sociales entre de las cosas”. Ellos ya no creen, pero las cosas mismas creen por ellos.
Esto parece ser también una proposición lacaniana básica, contrariamente a la tesis usual de que una creencia es algo interior y el conocimiento algo exterior (en el sentido de que éste puede ser verificado a través de un procedimiento externo). Ciertamente, se trata de una creencia que es radicalmente exterior, encarnada en el proceder práctico de la gente.
De acuerdo a Pascal la interioridad de nuestro razonar se haya determinada por la exterioridad de la red simbólica en la cual los sujetos se encuentran atrapados. En éste sentido, Pascal produce una verdadera definición lacaniana de inconsciente: “el autómata (le letra muerta) que conduce a la mente inconscientemente (sans le sovoir) con él”. El carácter sin sentido de la ley, que debemos obedecer no porque ella sea justa, buena o benéfica, sino simplemente porque ella es la ley.

La verdadera obediencia entonces es una, “externa”. Una obediencia fuera de la convicción no es una obediencia real porque se haya ya mediatizada por nuestra subjetividad - lo que significa que no estamos realmente obedeciendo la autoridad sino simplemente siguiendo nuestro juicio que nos dice que la autoridad al ser obedecida es buena, sabia, benefactora... Fue Kierkegaard quien escribió que creer en Cristo porque lo consideramos sabio y bueno es una blasfemia. (Ello porque al hacer esto nos situamos en una posición de superioridad: nosotros juzgamos a Cristo como bueno y sabio, pero resulta que nosotros somos inferiores a Cristo, ¿cómo pues podemos (orgullosa y blasfematoriamente) determinar la bondad y la sabiduría de un ser superior a nosotros?) Al contrario, sólo el acto mismo de creer es el que nos puede introducir en su bondad y su sabiduría. No creemos porque hemos encontrado suficientes buenas razones para ello, sino que encontramos razones que prueban nuestra creencia porque ya creíamos.
La obediencia “externa” a la Ley constituye así no una sumisión a una presión externa, a una, podríamos decir, “fuerza bruta” no-ideológica, sino la obediencia al Mandato o Mandamiento, tanto más cuanto más incomprensible, o no entendible; tanto más cuanto más posea un carácter irracional, traumático: lejos de ocultar su completa autoridad, este carácter traumático, no-integrado de la Ley es una condición positiva de ella. Esta es la principal característica del concepto psicoanalítico de superego: una imposición que es experimentada como traumática, “carente de sentido” - esto es, que no puede ser integrada al universo simbólico del individuo. Pero, para que la Ley funcione “normalmente”, éste hecho traumático, que la costumbre es la completa equidad, por la sola razón que ella es aceptada, debe ser reprimida dentro del inconsciente, a través de la experiencia ideológica, imaginaria, del “significado” de la Ley, de su fundación en la Justicia, en la Verdad o, en una forma más moderna, en su funcionalidad.

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