Acaso el malestar que circula entre las imágenes, las figuras (¿de dicción?) y el oleaje de los significantes en esta escritura, tenga que ver con la tensión y el desgaste de mantenerse individuo; no ya de ser un individuo, propósito abandonado al madurar la conciencia y la sensibilidad de artista. La racionalidad impuesta sobre el yo para que se piense como tal en la trama de sentido que la cultura, es decir, la modernidad, le exige en todo momento. No en vano el texto se abre con la prosa autoral "Entrega de una indocumentada" y es seguido de sendos epígrafes que refrendan y sintetizan admirablemente la profundidad de esta intuición poética. La conciencia de que el yo (en este caso del poeta, pero en realidad cualquier yo) excede con mucho al yo de la racionalidad burguesa y que carga, y también es, la multitud de aquellos seres que la misma racionalidad aparta como "otros", como si este límite fuera desde siempre tan preciso.
"Todo me toca y me duele…" "La cadena de horrores continúa incólume y todos son yo", "cuando comencé a escribir este libro recorrí la maraña de seres parlantes que me habitan en el rincón de lo privado"
La indocumentada, vale decir, la persona, el ser humano, que no está filiado/a, enrolado/a, fichado/a, que no tiene "papeles", es quien habla. Y es justamente este ser indocumentado quien es habitado por el parloteo de una miríada de otros seres para quienes "lo privado" evidentemente carece de sentido.
Esta invasión de los otros o, dicho de forma un tanto más radical, la imprecisión de las fronteras del yo y de lo privado, es el punto de partida de esta poesía. Y este gesto la sitúa sin más en una corriente del arte y la filosofía que se ha mostrado siempre "crítica" de la modernidad. Por lo pronto, se vincula a las penetrantes inteligencias de Gabriela Mistral y de Olga Orozco, dos intelectuales que han redefinido, cada una a su manera, el estatuto del ser mujer, de sus filiaciones a una historia, a una patria, a una clase social.
Un verso de Orozco: "estaban aquí cayendo desasidos" extraído de su inquietante y profundo libro "Mutaciones de la realidad" y aquellos de Gabriela Mistral pertenecientes a "País de la ausencia": "Me nació de cosas / que no son país / de patrias y patrias / que tuve y perdí / de las criaturas / que yo vi morir: / de lo que era mío / y se fue de mí."
Ciertamente, ambos textos comparten la actitud condolida por el otro, pero, y esto es mucho más importante, en ambos se presentan la disolución o, al menos, la vaguedad de unas fronteras; las fronteras del sujeto. Puede adivinarse que ese "aquí" del verso de Orozco es un aquí cuya cercanía resulta absorbida por su propio yo, el cual, presumiblemente se desborda hacia lo circundante y hacia la circunstancia de los otros, cuya caída y, cuyo desasimiento, se hunden en él, en un pasado cuya prolongación es al mismo tiempo la negación de la violencia de la caída.
Consecuentemente, en la cita mistraleana surge también esta complejidad y esta suerte de mutación del sujeto. Primero, aquellas "cosas que no son país" de las cuales le nace su verdadera patria , es decir, su identidad, y que nos remite a una raíz más profunda del sujeto, precisamente a aquello anterior a cualquier ideología patria. Pero también posterior a dicha ideología, que en este caso no es sino la idea republicana, aquellas patrias que ella ha perdido, que una vez tuvo. La conciencia de esta pérdida que, por contraste, constituye el ensanchamiento del sujeto y, por cierto su transformación y que también se relaciona con la muerte de aquellas criaturas que eran "propias", que le pertenecieron, pero que ya no son. Todo esto nos habla de un sujeto fluctuante que, cual un organismo que ha sufrido cambios radicales, mutaciones y procesos que han alterado severamente su constitución. Y como se trata precisamente del yo, que de alguna manera es pura conciencia de sí, esta naturaleza cambiada, reformada, mutada, se sabe imprecisa o, por lo menos, mucho más que aquello a que su mero estatuto social la constriñe.
Comentarios
Publicar un comentario